lunes, 23 de febrero de 2009

Poema

Era un café y estábamos charlando.
Un extraño café de gigantescas sillas
con unos veladores diminutos.
A nuestro alrededor rostros borrosos
o, más exactamente, unos hombres sin rostro;
y así no me extrañó todo el silencio
de aquel local de espejos infinitos.
No puedo recordar de qué charlaba,
pero sí mi alegría y la viveza,
sin duda exagerada, de mis gestos.
Él me dejaba hablar, indiferente
a toda la pasión que había en mis palabras.
De repente me dijo con voz bronca:
¿Y tú que harás ahora que estás muerto?
Al principio no supe comprenderle,
tan estúpido aquello, tan falto de sentido,
y volví la cabeza. En los espejos
quise mirar mi rostro, pero era el de mi padre
el que veía en ellos. ¿Al fin te has dado cuenta?
¿De qué?, le pregunté. De que eres un sueño,
hijo mío.

1 comentario:

ser_checa dijo...

El poema es de Abelardo Linares

Abelardo Linares (Sevilla, 1952) es un poeta, bibliófilo y editor español en lengua castellana. Obtuvo el premio de la Crítica en 1991 por el libro Espejos En 1974 fundó, en el Barrio de Santa Cruz de Sevilla, la librería de libros viejos y antiguos Renacimiento, especializada desde un principio en literatura española e hispanoamericana, enriquecida por la compra de un millón de libros de la colección del librero Eliseo Torres de Nueva York, razón por la cual se le denomina "el hombre del millón de libros". Es responsable de las editoriales Espuela de plata, especializada en literatura hispanoamericana y Renacimiento, especializada en temas como el exilio republicano español y la Guerra Civil. Su poesía está vinculada a la lírica andaluza.


Explicación del poema:

Este poema es muy curioso porque hasta el final del poema el hijo no se da cuenta de nada de lo que esta pasando.

Una de las pistas que nos da es que al principio el autor escribe: “A nuestro alrededor rostros borrosos o, más exactamente, unos hombres sin rostro” pero al final se contradice porque se da cuenta de que si que tienen rostro, lo vemos cando dice: “En los espejos quise mirar mi rostro, pero era el de mi padre el que veía en ellos”. El padre si que parece que sabe que es un sueño por la conversación del final. El padre no da la sensación de ningún tipo de tristeza, como era de esperar puesto que el hijo ha fallecido, es más, dice: “¿Y tú que harás ahora que estás muerto?”.

En siglos anteriores los poemas tenían unos esquemas predeterminados y no se salían de ellos. En cambio a partir del siglo XX los poemas no tienen ningún tipo de esquema y los poetas escriben el poema de la forma que a ellos más les interese en ese momento, sin preocuparse por el esquema. Por eso no es d’extrañar que este poema no tenga ningún tipo de esquema o rima.