Sospechan de nosotros. Ha pasado
el primer autobus, y nos sorprende
en el lugar del crimen,
desatados los cuellos y las manos
a punto de morir, abandonandose.
Nos da el alto la luz,
entimos su revolver por la espalda,
demasiado indeciso,
su temblor en nosotros, encubierto
bajo el pequeño bosque de las abanas.
¡Corre!
¡Coge el amor y corre cuerpo adentro!
Hay un desfiladero sin leyes en los labios,
un laberinto ardiendo de salidas.
Mira tu corazón o tu cintura,
ese castillo en alto
que mis muslos coronan como un lago de niebla.
¡Corre!
Atiende solo al viento de la piel
pasando y regresando,
y que suenen laqs rafagas,
que suenen los disparos,
que las sirenas suenen a tu espalda.
Luis García Montero